Nota para el diario El País, sobre el viaje a Nueva Zelanda

Estamos en El País del domingo pero en Nueva Zelanda lo leemos un lunes…

“Reflexiones desde el futuro” sale en el mayor diario de Uruguay!

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Uruguayos en Nueva Zelanda

Cada vez hay más interesados en la visa que permite trabajar hasta un año en la isla kiwi. Jóvenes juntan miles de dólares y viajan o regresan con lo ahorrado.

15 jun 2014

GABRIELA VAZ

“Te cuento algunas cosas curiosas: no hay bidets, hay muchos baños públicos en excelente estado, el tráfico es ordenado y con muchas señalizaciones (también estricto, ya tengo tres multas por exceso de velocidad, jaja), se maneja por la izquierda con el volante a la derecha y casi todos los autos son automáticos, los water closet tienen dos botones para ahorrar agua (descarga de todo el tanque o de medio), la joda de la noche va desde las 20 o la tardecita hasta las 2 o 3 am, la gente es muy amable y tranquila, el tabaco es carísimo y se piensa desincentivar progresivamente hasta prohibirlo para 2025, es legal el matrimonio homosexual y los gobiernos son bastante liberales, el nivel de vida es alto, la gente anda descalza por la calle sobre todo en verano cuando van al super o algo (también en muchas casas se sacan el calzado en la puerta y andan en medias), hay mucha gente viviendo y trabajando acá que viene de India, China y de islas cercanas…”.

Pablo Romano (27) envía este correo desde Tauranga, Nueva Zelanda, a donde llegó en marzo pasado. Apenas terminó la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de la República, renunció a su trabajo de seis años como gestor de un despachante de aduanas para aventurarse a una experiencia que cada año convoca a más jóvenes uruguayos: irse a vivir un máximo de 365 días a la tierra de los kiwis.

Sucede que desde el 2003, Nueva Zelanda otorga visas Working Holiday (WH) a uruguayos de entre 18 y 35 años, lo que les permite trabajar legalmente hasta un año en el país. Y mientras en sus inicios los cupos difícilmente se completaban, en el último proceso, de 2013, se presentaron 700 postulantes para los 200 lugares que se otorgan: en diez minutos ya no había más.

Uruguay también tiene convenios WH con países como Australia (ver recuadro) e Irlanda, pero la visa de la isla neozelandesa combina requisitos poco exigentes -la edad es su principal condición- con una oferta de empleo segura. En otras palabras, se consigue trabajo sin mayores dificultades, a la vez que el salario mínimo permite una capacidad de ahorro improbable en Uruguay, sobre todo para un menor de 25.

A esto se suma una experiencia de vida que incluye manejarse solo en un país lejano, convivir con gente de todas partes del mundo y diferentes costumbres, aprender o ejercitar el idioma inglés, tener la posibilidad de viajar por otros destinos asiáticos y conocer paisajes y culturas muy distintos.

Pablo pensaba viajar con cinco amigos, pero dos no fueron lo suficientemente rápidos al aplicar online para la visa el día de apertura de cupos, el 1° de octubre pasado. Llegó entonces a Auckland -la mayor ciudad de la isla norte y a donde arriban los vuelos internacionales-junto a tres de ellos y ocho uruguayos más a quienes había conocido mediante un grupo de Facebook creado para la ocasión.

Llegar acompañado es lo más frecuente, pero aún viajando solo hacer contactos es muy fácil. Nueva Zelanda otorga 52 mil visas WH por año a decenas de países, lo que lo vuelve un sitio harto cosmopolita, y la postal de jóvenes europeos, asiáticos y latinoamericanos buscando trabajos temporales es habitual. No es raro que chicos que se conocen en hostels e incluso buses terminen alquilando casas, organizando tramos de viaje o saliendo a buscar empleo juntos.

El primer trabajo de Pablo fue típico de WH: recolectando kiwis. Desempeñó esa tarea por un mes y ahora está empleado en una empaquetadora, armandopallets con las cajas de kiwis para exportación.

La manera más rápida de encontrar trabajo en la isla es yendo al campo, en particular si se llega en época de zafra. Por eso son pocos los que se quedan en la ciudad, donde los empleos más requeridos son en servicio, como hostales o bares.

Por el contacto con una amiga que ya estaba instalada, el primer lugar al que fue Liz Gandini (27) cuando llegó a Nueva Zelanda en 2012 fue Papamoa, un suburbio de Tauranga muy popular en verano. “A nivel laboral fue un error, porque llegué en junio y la época de kiwis ya se había terminado. Solo me quedaba buscar trabajo en bares, pero es una zona de balneario y tampoco era verano, así que estuve un par de meses en banda, haciendo `changas` en el campo”, cuenta esta licenciada en Comunicación que siempre tuvo “el chip de viajar”. “Antes de irme tenía un buen trabajo, que me había costado conseguir, ganaba bien, estaba cómoda y dudaba si dejar todo eso. Hasta que un día me hizo el click y pensé: `No me voy a quedar acá por un trabajo`”. Tramitó la WH en una época en la que, aunque reciente, los cupos no se colmaban tan rápido, y partió.

A pesar de la dificultad para conseguir empleo al principio, Liz se fascinó con Papamoa y decidió asentarse allí, donde finalmente entró a una empaquetadora de kiwis. “Trabajaba diez horas por día, pero fue cuando empecé a ahorrar. Todo el mundo tarde o temprano consigue trabajo, de última te cambiás de ciudad, pero encontrás”.

El cónsul de Nueva Zelanda en Uruguay, Ricardo Shaw, aclara que el objetivo primario del convenio entre los dos países es el fortalecimiento de los lazos y que la WH se otorga bajo la condición de que trabajar no sea la única razón del viaje, sino que exista una motivación por recorrer el país, vincularse con nativos y conocer su cultura. De hecho, uno de los requerimientos que se hace a los jóvenes es que no permanezcan más de tres meses en el mismo empleo o en la misma localidad.

Después de la empaquetadora, Liz pasó a trabajar en un tambo, donde ganaba mejor (18 dólares la hora en lugar de 14) y con un horario más corto. “Algún día, si había una inseminación por ejemplo, nos quedábamos más. Pero al ser al aire libre, estabas muy tranqui. En la empaquetadora es distinto: estás en una cadena de montaje, tenés media hora para comer y 15 minutos de tarde; Tiempos Modernos total. Te volvías loco. Ahora, podías decir ‘qué trabajo de mierda’, pero te juro que todo el mundo era feliz. Llegabas a tu casa -yo vivía con 15 personas más- y siempre alguien había cocinado, o era un cumpleaños, o se ponía música. Aparte, como sabés que es temporal y no vas a estar toda tu vida haciendo eso, lo tomás de otra manera. Pero te cansás mal, yo estaba muerta. El trabajo en el tambo, por el contrario, me encantó. No era una máquina, tenía que usar la cabeza. Además miraba para un lado y estaba la montaña llena de nieve y para el otro lado, la playa. Increíble”.

Diego Telias (26), licenciado en Estudios Internacionales, repite que su caso fue “atípico”. Viajó junto a un amigo en 2010 y, luego de un par de meses en Tauranga donde recolectaron kiwis hasta que terminó la zafra, consiguieron trabajo en la cocina de un hostel de Auckland. “Nuestro horario era de 6 a 11 de la mañana. Tenía toda la tarde libre, así que a veces le sumaba otros trabajos, como de delivery en una pizzería. Nos sirvió para ahorrar, porque no gastábamos nada: comíamos ahí y el hostel contaba con un anexo donde vivían los empleados; había que pagar pero era muy barato”, cuenta. Estuvo seis meses seguidos en el mismo lugar y en una ciudad grande; “atípico” para una WH. En ese período, juntó 12 mil dólares.

El salario mínimo en Nueva Zelanda ronda los 14 dólares la hora. Se cobra a través de un banco una vez a la semana, lo que sirve para organizarse ya que los alquileres, por ejemplo, también se pagan cada siete días. El costo de una habitación compartida, en una casa en la que conviven varios, suele rondar los 100 dólares semanales. “Con un día de trabajo, pagás el alquiler. Y de comida, gastás unos 60 dólares a la semana. El resto lo podés ahorrar, o gastártelo en boliches. El que quiere, puede juntar 20 mil dólares en un año, o más”, asegura Liz, en una cuenta confirmada por los demás consultados.

Otro gasto que tienen casi todos los WH es un auto. “Para ir a los campos de kiwis lo precisás, porque no hay ómnibus”, dice Diego. Y además, los vehículos son muy económicos. Él y su amigo gastaron mil dólares en un coche que los trasladó en sus primeras semanas. Liz recuerda que adquirió una “camionetita” Subaru por US$ 1.400. “Incluso llevaba un colchón atrás y la usaba para dormir en viajes”, dice. Y hay un plus: recorrer Nueva Zelanda en auto, agregan, regala paisajes únicos; por algo fue la tierra elegida para filmar El Señor de los Anillos.

Por otro lado, la seguridad no es un tema que genere preocupación en la tierra kiwi. “En la casa en la que vivía se dejaba la puerta entornada para que entrara y saliera el gato. Nunca tranqué el auto. En los lugares donde viví jamás me dieron una llave, porque las puertas no se cierran con llave”, cuenta Liz.

El cónsul Ricardo Shaw hace continuo hincapié en la contención que proporciona un país como Nueva Zelanda, de las mismas dimensiones de Uruguay. Sus tres hijos viajaron con la visa WH y destaca que él siempre se sintió tranquilo como padre. “Cuando hijos de amigos míos que tienen 18 años no saben aún qué estudiar, están en duda, siempre les digo: `Que vaya a Nueva Zelanda que no pasa nada, van a estar bien`. Es un lugar tan honesto, tan seguro. Yo llevo grupos de productores agrícolas uruguayos todos los años y, cuando pasamos por pequeñas chacras, les muestro cómo los propietarios sacan a la calle cajones con frutas, una balanza y una caja con plata, que dejan solas, sin nadie atendiendo. La gente toma lo que necesita, lo pesa, deja el dinero y se va”.

Al mismo tiempo, agrega, los kiwis -como se llaman a sí mismos los neozelandeses- se han acostumbrado a convivir con extranjeros, lo que los hace tener una visión más abierta del mundo. “A todos los chicos que van y me consultan les recomiendo que no se `empatoten`: que no vayan en grupo de uruguayos para todos lados. Que se vinculen, que conozcan gente -dice Shaw-. Está lleno de personas de todas partes del planeta. Y como cónsul les pido en particular que se relacionen con la gente del país”.

La diversidad que se encuentra en la isla, de nacionalidades y culturas, pero también a nivel social, implica otro tipo de crecimiento personal. “A todos se nos caen los prejuicios”, dice Liz convencida. “Terminás conviviendo con hijos de millonarios y con `planchas`. Hacés amistad con gente con la que nunca te juntarías o te cruzarías acá. Y todos están juntando kiwis o limpiando casas, lo que nos iguala. Conmigo fue un grupete de hijos de familias importantes de acá, que los veías en plan `liberación` y notabas que podías compartir todo, aunque fuéramos de lugares tan distintos. Una amiga que es súper hippie, de no darle bola a alguien porque `tiene plata y es de derecha` y terminó siendo íntima de un grupo de chicas de la `alta sociedad`. Esas cosas pasan. Se iguala todo”, ilustra.

Desde la isla, en donde piensa quedarse un año para luego viajar por Europa y Asia, Pablo Romano asegura que recomendaría “absolutamente, a todos”, que vivan su misma experiencia. “Votaría por que fuera obligatorio para todos vivir en un país lejano un año de tu juventud para abrir la cabeza y el corazón”. ¿Qué es lo que más le gusta de estar allá? “Estar viviendo una vida totalmente diferente, conociendo mucha gente distinta de todas partes del mundo, hablando inglés y aprendiendo un poquito de otros idiomas, prácticamente solo del otro lado del mundo (a pesar de que siempre se está acompañado de gente uruguaya, latina, de otros lugares y locales). Es desestabilizante, inseguro, pero emocionante por la misma razón”.

Tanto Diego como Liz coinciden. “Parece que el gobierno de Nueva Zelanda me pagara por la propaganda que le hago desde que llegué”, se ríe ella. “Sobre todo a los más chicos, les digo que vayan, que lo vivan. Claro, tengo amigas que me dicen qué lindo todo, pero nunca trabajarían en un tambo ni dejarían todo acá para irse. Te tiene que salir. Yo lo súper recomiendo”.

El viaje por Asia; objetivo de todos

Con lo ahorrado en ocho meses de trabajo en Nueva Zelanda, Diego Telias recorrió durante cuatro meses Australia, Malasia, India, Japón, Corea, China, Vietnam, Camboya, Tailandia, Singapur e Indonesia. Después de un año y medio en la isla de los kiwis, Liz Gandini conoció Indonesia, Filipinas, Singapur y Tailandia (donde se tomó la foto sobre los elefantes). Lo mismo piensa hacer Pablo Romano. Es que el viaje por Asia es uno de los objetivos compartidos que tienen los latinos que llegan a Nueva Zelanda con la visa Working Holiday. “Nosotros no lo teníamos tan en mente, pero cuando llegamos todos nos dijeron que Asia era tan espectacular que lo pusimos como meta”, ilustra Diego. Este resultado inevitable no es exactamente lo que buscan los países que otorgan las visas, que en general aspiran a que los chicos recorran (y gasten lo ganado en) su tierra.

Uruguay ya solicitó más cupos

El convenio de visa Working Holiday entre Uruguay y Nueva Zelanda está vigente desde 2003. Los primeros años los 100 cupos disponibles difícilmente se agotaban. Pero el boca a boca hizo su trabajo y el gobierno neozelandés aumentó el límite a 200. El año pasado, 700 uruguayos aplicaron para conseguir una WH neozelandesa, informa Ricardo Shaw, cónsul de ese país, y adelanta que Uruguay ya solicitó la extensión a 300 cupos. Los requisitos son: tener entre 18 y 35 años, certificar que se cuenta con 4.200 NZD (unos 3.600 dólares) para solventarse mientras se consigue trabajo y presentar una placa de tórax. Una vez que se otorga la visa, el adjudicatario tiene un año para viajar. Asimismo, en el momento que se ingresa a Nueva Zelanda comienza a correr el año de duración de la WH, y se puede pedir una extensión de tres meses más. Nueva Zelanda entrega 52 mil visas WH por año, en convenio con decenas de países. Todos los acuerdos son recíprocos, pero hasta ahora solo dos neozelandeses solicitaron una visa WH para venir a Uruguay.

Shaw recomienda darle “me gusta” al Facebook de la Embajada de NZ en Argentina (que abarca nuestro país) para estar en contacto y al tanto de las novedades.

Para este año, ya hay 400 postulantes en lista de espera

“En este momento tenemos 400 chicos en lista de espera” para sacar la visa Working Holiday de Nueva Zelanda, dice Mónica Marenales, directora de Australtours, operador mayorista especializado en este destino y que arma paquetes WH desde sus inicios, en 2003. Su programa, que se distribuye en agencias de viaje, cuesta 2.920 dólares e incluye pasaje aéreo ida y vuelta a Nueva Zelanda, seguro médico (requerido para la visa), cuatro noches de hostel al llegar a Auckland, una tarjeta de crédito con 2.500 dólares de límite que sirve para completar el sustento económico pedido por el gobierno neozelandés, y asesoramiento. Esto último es útil no solo para el viaje, sino para aplicar a la visa, ya que el proceso se realiza online y el año pasado los cupos se llenaron en diez minutos. Si la visa no sale, el postulante no debe pagar nada. “Cuando la obtienen es que comenzamos a trabajar más en las necesidades de cada uno y ofrecemos un paquete a la medida, los ayudamos mucho en la preparación del viaje”, dice Marenales, quien, a pesar de que no sea un requisito, recomienda a los postulantes que estudien algo de inglés antes de arribar, lo que mejora sus chances.

AUSTRALIA

Visa que se abre a fin de mes

La visa Working Holiday que permite a 200 uruguayos por año trabajar en Australia comenzó a otorgarse apenas en abril de 2013, por lo que todavía es poco conocida. Eso, sumado a que tiene requisitos más exigentes que la visa neozelandesa -los postulantes deben demostrarbuen nivel de inglés y formación universitaria, aunque sea incompleta- lleva a que no exista tanta demanda. De hecho, todavía quedan cupos del año pasado y a fin de junio se renuevan, por lo que se abrirán 200 nuevos lugares para quienes deseen aplicar. Pero los que saben aseguran que mientras la facilidad para conseguir empleo es la misma que en Nueva Zelanda, los sueldos son mejores.

Patricio Rymer (30) lo confirma desde Sydney, a donde llegó en febrero pasado. Licenciado en Dirección de Empresas, en Uruguay tenía trabajo estable en una empresa de refrescos y estaba cómodo, pero se sentía “abrumado por la rutina”. Por un amigo se enteró de la existencia de la visa Working Holiday y la tramitó. Hoy su objetivo es trabajar, juntar dinero, romper con la monotonía de vivir en Uruguay y conocer Australia, donde encontró empleo como camarero y en construcción. “Conseguir el primer trabajo es lo más difícil, después es simple”. Si bien Patricio admite que el costo de vida “es carísimo”, asegura que los sueldos alcanzan sobradamente para vivir y ahorrar. Él aparta cerca de 1.800 dólares por mes, aún cuando no repara en gastos a la hora de salir y disfrutar. “A mí me gusta viajar y conocer, pero si tu objetivo primario es ahorrar, podés hacer muy buen dinero en un año”.

Mónica Marenales, directora de Australtours, explica que algunas de las regiones que pagan mejor en Australia son el oeste y el centro, cerca del desierto, ya que no consiguen mano de obra local que quiera quedarse ahí. “Los establecimientos agropecuarios, bodegas, servicios turísticos son algunos de los más solicitados”, agrega. “Luego pueden irse de vacaciones al este, donde están las playas más famosas”.

En días libres, Patricio hace surf, buceo o viaja a destinos turísticos cercanos. “Es una experiencia que recomiendo sin dudar. Eso sí: hay que venir con un inglés sólido”. Para el regreso no tiene planes. “Solo espero que la vuelta no sea muy dura”.

 

Fuente:

http://www.elpais.com.uy/domingo/uruguayos-nueva-zelanda-working-holiday.html

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